Sentimientos de una madre expat

Ser madre tiene estas cosas…

Llevo toda la noche llorando con la peli de Mamma mia 2. Así soy yo, chica de musicales, pelis simples. Lástima que no me esperaba tener que empeñarme durante dos horas a empatizar hasta con la cabra.

Ser madre tiene eso… es como si te quitaran una venda de los ojos y vieras finalmente el mundo al completo. O quizás es una venda que te tapa? No sé, pero está claro que toda tu vida cambia. Y cada día va a más. Pero volvamos a mi drama nocturno… esta peli se ha abierto camino y me ha apuñalada directamente la fibra sensible. Ha tocado muchos puntos delicados. Empecemos por el primero…

Cuando vivía de pajarillos en la cabeza

Sí, soy una soñadora nata. Lo era exageradamente a mis 20 años cuando me fui a vivir al extranjero, cuando empecé una relación a distancia, cuando no sabía muchas cosas… Entonces aún vivía en mí esa inocencia que poco a poco se te desprende cuando entras en la vida adulta y de trabajador “maltratado”.

Cuando acabas los estudios (finalmente), ves una brecha bajo tus pies. En ese momento puedes reaccionar de dos maneras: o te hundes porqué siempre habías tenido claro el siguiente paso y ahora se acabaron las indicaciones; estás perdida y sin brújula. O bien puedes hacer como yo, que tenía mil pájaros en la cabeza, soñaba con aventuras, romances e historias de película. Puedes despegar, alzar el vuelo, arriesgarte, vivir sin pensar. Ese es el momento.

Yo me lancé, viví mi romance sin dar importancia a las consecuencias como toda veinteañera. Pero francamente me arrepentí muchas veces de haber hecho caso a todos esos pajarillos que me llevaron a una vida en el extranjero. Ahora he hecho las paces con Italia, pero empezar desde cero no es tan fácil como te lo pintan; sobretodo si sabes que ese camino lo vas a seguir probablemente el resto de tu vida.

Me considero una persona muy tenaz y optimista. Pero sinceramente me costó adaptarme a la nueva cultura, lejos de los míos. Hasta que no tuve a Mimi conmigo nunca llegué a sentirme en casa. Y os puedo asegurar que no es una sensación envidiable. Tened presente que yo era la mar de feliz en mi casita, con mis padres, amigos y familia. No elegí a qué ciudad mudarme, me tocó por amor, y tampoco tuve mucha elección por lo que se refiere a si irme yo o que se viniera Tato a Barcelona.

Llegó mi bebé y me regaló un final feliz

Todo cambió cuando renací como madre. Desde que mi peque aterrizó en mi vida puedo decir que he encontrado mi lugar. Desapareció el impulso de buscar, de vivir aventuras; porqué estoy metida en la mejor que podría haber soñado. Es como si mi yo del pasado hubiera transcurrido días a perseguir un objetivo de vida. Ahora lo he encontrado. Ya no necesito absolutamente nada más. Simplemente soy feliz. Todo está donde tiene que estar.

Es un tópico? Puede ser… los tópicos existen por algún motivo. Pero es así. Mimi me ha regalado una familia, ha dado inicio a una nueva era, un nuevo capítulo. Me da fuerza para cualquier cosa. Me ha unido más a Tato. Me ha hecho sentir en casa. Y todo esto ha sido proactivo con el alrededor: he empezado a aceptar las diferencias culturales que más me molestaban, a relacionarme con los demás sin sentirme una inmigrante, a amar las tradiciones italianas, ahora soy parte de ellos. Son sentimientos que, como todo en esta vida, tienes que vivirlos para entenderlos. Y es que cuando te vas fuera puedes acabar odiando todo lo que te rodea por la sensación de rechazo que te despierta.

madre extranjero

Y la peli qué tenía que ver?

Bfff mucho! Una película puede llegar a ser muy potente. Te remueve las entrañas. En mi caso se ha tratado de un resumen de mi vida… una infancia estupenda, un vínculo de hierro con mi madre (que ahora que soy madre a mi vez, entiendo con mucha más claridad), el pasar de la ilusión de aventuras a la vida dura, cruda y a la vez mágica. Porqué lo que te da un hijo es indescribible.

La maternidad te cambia sin pedirte permiso, sin preguntar, simplemente se echa para adelante y actúa. Tú acabas en un torbellino, ni siquiera te das cuenta de que te estás alejando de la persona que eras y un buen día te ves incapaz de mirar las noticias, no puedes siquiera soportar la idea de que rapten a un niño y sufrirás por cada lágrima de tu pequeño.

Se te podrá hacer pesado cuando protesta, cuando llora o entra en “modalidad berrinche”. Pero lo peor de esos momentos no será aguantar el llanto, sino que tu corazón se retorcerá porqué el único deseo que tienes es el de que tu hijo sea feliz, verlo sonreír. Su sonrisa, será tu motivo de vida y tu recompensa.

Amo ser madre, no hay nada en este mundo ni ningún otro lugar donde querría encontrarme. Este es mi sitio, este es mi momento.

Y sabéis qué? No voy a dejarlo escapar…

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2 comentarios

  1. Ay que bonito Nai!! La maternidad te cambia muchísimo, uff y tanto, de hecho dicen que hay hasta cambios fisiológicos en el cerebro. La empatia y la sensibilidad al sufrimiento ajeno (sobre todo si son niños) crecen y crecen. Las noticias se convierten en pequeñas torturas viendo a la gente sufriendo. La feminidad. Ojala hubiera más feminidad en la politica y en los negocios. Algo mas equilibrado. Creo que el mundo seria un poquito mejor. En fin, tema largo y tendido.

    Y si su sonrisa es lo que mas te mueve sin duda 😀

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