Familia política e hijos

“Estamos embarazados!” esta frase va a cambiar tu vida más de lo que esperas. Llega un bebé y tu familia política va a ser la familia de tu hijo. ¿Te lo habías planteado? De todos modos da igual, porqué por mucho que lo hicieras no sabes qué va a suceder a continuación. Lo que está claro es que hay tantas situaciones como familias, y no hay una clave para lidiar con todas ellas, sino se vendería como los churros, no? 😛

Es un tema delicado del qué hace tiempo quería hablar. En este artículo os quiero regalar un pedacito de mí, una experiencia más, pero que soy consciente que puede confortar; ayudar a esa chica que está viviendo una situación similar a no sentirse sola, a no desanimarse, a no renunciar. Sobretodo porqué os anticipo que esta historia tiene un final feliz 😉

Pero primero voy a tener que contextualizar la situación. Para hacerlo hay que remontarse a mi adaptación al extranjero, un antes y un después en mi vida. Si preferís leer directamente mi experiencia con la familia política desde que nos convertimos en padres id directamente al párrafo: De familia política a familia oficial – llegó el bebé

Además, la semana que viene os dejaré la segunda parte, en la qué descubriréis las estrategias que uso en ciertas situaciones y como superé toda esta situación. Así que ahí vamos…

Mi primera vez con suegros 

Lazos familiares

Cuando tienes pareja, lógicamente sabes que vas a tener que estrechar lazos con sus familiares, como a ti te encanta que él lo haga con los tuyos. Una familia avenida, sin problemas, es uno de los nexos más fuertes del mundo. Desde que vivo fuera, además, me he vuelto muuuuuuucho más “viva la familia” que antes. He entendido cuanto es importante y del soporte que te da ser parte de este grupo que jamás te dará la espalda.

Yo y Tato tenemos ambos esta fortuna. Nuestras dos familias son fantásticamente sólidas, cálidas 🙂 tememos la certeza de que nos arroparán siempre. Además los suyos me respetan, me acogieron come a una hija, y lo mismo mis padres con él. Como lo he descrito podría parecer perfecto, pero obviamente la vida cotidiana aporta matices que hay que tener en cuenta.

Cuando empecé con Tato nunca había ningún novio formal hasta que llegó el señorín. Como me vine a vivir con él a Italia, pasamos de citas vía aérea de un fin de semana a la convivencia. Nos fue súper bien como pareja, pero algunos factores empezaban silenciosamente a hacer mella. El primero fue mi adaptación al nuevo país (Italia ;), la segunda los nuevos lazos familiares que surgieron.

futuros padres
Otra pieza de mi puzzle 🙂 aquí los tortolitos más felices de la web ^^ Como le dije al principio de la relación “si superamos una relación a distancia, en una lengua extranjera y con nuestra diferencia de edad… podemos con todo lo que nos pongan!”

Mi libertad entre rejas

Tato estaba acostumbrado a ir de viernes a domingo a casa de sus padres. Todos sus amigos vivían cerca de ellos, y como se pasaba la semana solo pues tampoco le cambiaba mucho el estar aquí o allá. Cuando me fui a vivir con él continuamos esta tradición. Con la excusa de que el sábado por la noche se veían con los amigos para ver el fútbol y así después no nos teníamos que hacer 40 minutos de coche hasta casa a las tantas.

A esto hay que añadir que su madre, tal como salíamos por la puerta, nos echaba esa mirada que decía “no puedes decir que no” mientras nos soltaba “entonces si no tenéis planes nos vemos el próximo viernes”. A ver, son italianos, por lo tanto si yo hubiese dicho que NO, o le daba un buen motivo, o habría herido sus sentimientos dejándole en la cabeza ideas del tipo “mi nuera me odia” “con todo lo que hago por ella y no me quiere” Porqué es innegable que desde el minuto cero me han acogido como a una hija. Pero yo me agobiaba de todos modos sin tener la libertad para decir NO.

Son otra cultura, aquí se ofenden, sobretodo las personas más mayores, si no aceptas ciertas invitaciones o si vas a su casa y no tomas nada. Aún recuerdo como me contaba la tía de Tato súper ofuscada que cierta chica que fue a su casa a merendar no quiso ni siquiera un café o galletas. La mujer estaba a punto de un patatús! madre mía que problemas jajaja!

Esto nos lleva al hecho de que cada fin de semana me sentía entre la espada y la pared. Acababa ya con las manos atadas para la semana siguiente sin ni siquiera haber vuelto a casa. Aquí son así, y yo sin saberlo me había metido en la boca del lobo. Todo este percal llegó a un punto que se volvió insostenible a nivel de pareja y personal (soy demasiado independiente como para sentirme obligada a ver a alguien cuando lo único que me apetece es hacer el vago en santa paz sin tener que justificarme).

Así que un buen día empezamos eliminando el viernes por la noche, después el domingo hasta que al final nos quedábamos solo los sábados en su casa. Para llegar a este punto tuvo que pasar algún año de acuerdos de pareja y empeño por parte de los dos. Podría entrar en profundidad en el tema sobre dinámicas de pareja y familiares pero tendría que escribir libros enteros 😛 quedaos con la esencia.

familial politica
Amo a este chico. Todo es fácil a su lado, simple, sereno, feliz. Es esencialmente lo que necesito, nada más. Este día fue el traslado a nuestro nuevo hogar, un antes y un después para nosotros 😉 y el nidito donde cultivamos nuestra maravillosa familiar ❤

100% Italian Suegris!

Mi vida se anuló, nunca me había sentido tan prisionera

Tenéis que pensar que a mí se me mezclan dos variables. La primera es el hecho de que mis padres están lejos. Así que los familiares de Tato tienen el pleno protagonismo presencial. No se puede contrarrestar yendo a casa de unos y de otros, por lo tanto es un poco como vivir al 90% la vida de Tato. Sus amigos, su familia. Ese fue mi error, vivir su vida y no buscar una mía.

A todo esto, a mí se me añade el factor cultural. Aquí en Italia se le da mucha importancia a la relación familiar. Están muyyyyyy pegados! De hecho es curioso pero no dicen “me he independizado” sino “me voy a convivir en pareja”  por algo será jajajaja Os digo solo que conozco un matrimonio que tienen un hijo y viven al lado de los abuelos. Así que la suegra plancha, hace la limpieza de toda la casa y cuida al nieto cada día. Otros dejan los hijos de lunes a viernes con los abuelos hasta para dormir y aparecen por allí para comer y cenar. Lo peor es que no son los únicos, se estila mucho lo de que los padres te hagan todo, porqué “tú, pobrecito mío, trabajas y estás cansado”. Yo flipé, pero qué agobio que te organicen la vida!

En mi caso, cuando llegué Tato era uno más del montón. Su casa se limpiaba sola, la ropa se lavaba y planchaba mágicamente. Y yo flipaba, flipaba y flipaba. Lo peor es que fui la que rompió la dinámica y que “no quería ayuda”. “¿Por qué no iba a querer ayuda?” yo que trabajaba, estudiaba y no sabía hacer nada en casa! “Era absurdo” (habrían pensando los demás probablemente). Claro, ves a explicarles como funciona en España… el mundo al revés… los locos nosotros! 😛

Aquí no hay malos, solo toneladas de amor por canalizar 😉

Exactamente, todas estas acciones sé que se emprenden desde el corazón, porqué los parientes de Tato me caen la mar de bien, son unas personas con las que se puede contar a muerte, ayudan, dan dan y dan. Tendríais que ver como mira su madre a Tato… es un amor infinito, inmortal, lo admira (bueno ahora que tiene a la peque un poco menos :p).

El problema es que por querer dar tanto acaban invadiendo algunos ámbitos o creando ciertas dinámicas que influyen en nuestra vida familiar y de pareja. Vamos, yo me siento así. Sobretodo desde que tenemos a Mimi las sugerencias sobre como conducir nuestra vida en esta casa han aumentado notablemente. Aunque como dice mi amiga “El problema no es tanto lo que hacen, sino la frecuencia. Eso es lo que incide”. Y os puedo decir que la repetición de ciertas frases y acciones es demasiado alta para que yo lo pueda digerir todo en el poco tiempo que me dan de “pausa”.

La gota rompe la roca por su constancia

Para que os hagáis una idea simple, me pueden llegar parientes de Tato a casa. Intento tenerlo siempre todo arreglado pero a veces no se puede con una niña por medio. Así que a la que ven algo fuera se ponen en acción, barren o me hacen la limpieza en la nevera si alguna fruta se ha podrido. Lo sé, muchas dirán “que suerte que tienes”. Pero a mí no me gusta que me gestionen la casa, y aún menos de propria iniciativa. Aunque sé que lo hacen para ayudar yo recibo el mensaje de “tu casa está sucia” o “no eres capaz de tener al día la nevera, ya lo hago yo”. Supongo que porqué en casa de mis padres los de fuera eran invitados, ya fueran abuelos o no, y ciertas cosas estaban fuera de lugar.

Lo que llevo peor es cuando cocino. El 99% de las veces me pregunta por qué lo hago de esa manera, que iría mejor de otra, prueban lo que tengo en la olla y me sueltan siempre algo tipo “falta sal” “está demasiado seco para la pequeña” “pero échale parmesano (cada santa vez que cocino… cuestión totalmente cultural)” “y esto coméis? que soso” o cosas peores como “que asco, yo eso no me lo como”. Sino directamente me encuentro con caras de “que asco, pobre Mimi que se tiene que comer eso. Sí, comemos sano cuando podemos y es más sosa la cocina al vapor que los sofritos. Por no decir que aquí no saben lo que es un plato de lentejas o de arroz a la cubana. Y ya los ves sufriendo por la nieta que se lo va a tener que comer.

Otros detalles van sumando a mis suspiros cotidianos. Buenas intenciones que no acabo de digerir tipo “te traigo mi colcha que es más bonita que la tuya”, “te doy el sofá-cama que tengo que tirar que es más cómodo que el tuyo”. Más toda la martingala que nos montaron cuando elegimos comprar la casa donde estamos y a ellos no les gustaba. Madre mía, ahí si que tuve que dejar claro que todo tiene un límite, prefería irme a vivir sola y quedarnos en plan novios que toda esa presión.

Nada les gustaba, ni el suelo “es feísimo, parece que tenga pegotes de chicle”. Al final compramos la casa pero me destrozaron completamente el feliz momento de pareja de buscar un nidito juntos. Hasta se fueron a mirar casas ellos solos porqué no les gustaba la nuestra. Sé que no son grandes cosas, pero yo sentía que se estaban metiendo en una decisión que era solo mía y de Tato. Y este nivel de intrusión siempre me ha sentado como un puñetazo en la barriga. Nunca lo he llevado bien.

Obviamente lo peor es como todo esto incide en la pareja. Pero bueno no voy a profundizar más… creo que lo he dejado claro.

Demasiado nunca es bueno

Soy  súper consciente de que todo, absolutamente todo lo que hacen es para ayudar.  Quieren colaborar tanto que cuando no pueden o no queremos, se lo toman como si les hubieras hecho vete a saber el qué. El problema es que o haces las cosas a su manera o te cuesta días y días de frases en loop sobre el porqué deberías haberlos escuchado. Cansa, agobia mucho. Y daña la pareja. El problema es que desde que de por medio hay una nieta/sobrina (por tanto tenemos algo suyo en casa nuestra), la invasión empeoró.

Algunas diréis que soy exagerada, lo sé, pero hay que vivirlo para entenderlo. El problema es que se meten en la gestión de mi casa sin permiso, y aunque digas que “no” es inútil, porqué acaban haciendo lo que creen mejor para ti de todos modos. Me siento más prisionera desde que estoy aquí que en 20 años con mis padres. Tenía más libertad de movimiento. No tenía miedo de tener que programar el fin de semana porqué “si no voy a ver a cierta persona se me van a ofender” o venir entre semana porqué “no nos hemos visto el domingo”.

recién nacido pies

De familia política a familia oficial – llegó el bebé

Visitas, visitas y más visitas!

Pensad que desde que tengo a Mimi conmigo me llegan visitas a casa al menos 3 veces por semana y no es que no esté bien con ellos. Para nada. Simplemente para mí es un ataque a mi espacio personal, no me gusta sentir el peso de la obligación de tener siempre personas pululando por casa.

Desde el embarazo, pasando por el parto y la continuación… nuestra relación familiar cambió. La familia de Tato pidió más presencia (si fuera por ellos estarían aquí día tras día). Por suerte respetan el límite de llamar al teléfono y preguntar si pueden venir, y no cada día. Si no fuera así seguramente me hubiera puesto dura y hubiese roto de manera tajante. De todos modos si yo me negase o propusiera la regla de “una vez a la semana”, crearía innumerables problemas.

Os seré sincera. Mi hija la he sentido siempre muy mía, como cuento en este artículo y siendo muy consciente de ello soy capaz de afirmar delante del mundo entero que para mí fue complicado aceptar que mi familia política se convirtiera en la Familia de mi hija (sobretodo porqué nos hubiésemos visto con más frecuencia).

Había pasado años a construir límites para poder respetar mínimamente mi libertad y ahora se me venía el mundo encima. No hacían otra cosa que preguntar cuando pasar por casa. Vamos, ocupar mi tiempo sí o sí, cuando yo solo quería gozar de mi hija que acababa de nacer. No tenía más ganas de luchar por lo que era mío. Quería estar tranquila; sin obligaciones o compromisos.

Me costó unos cuantos “autoenfados”. Sí, me enfadaba sola sin que nada hubiese pasado porqué no podía controlar la situación como me apetecía. Añadiré además que me la arrancaban de los brazos cuando se despegaba un microsegundo de mi pecho sin siquiera dejarla respirar para volver a mamar. Recuerdo una vez que la quisieron llevar de paseo. Yo les había advertido, con la ansiedad en el cuerpo, que cuando Mimi tenía hambre pasaba de 0 a 1000, de tranquilísima a llorera histérica. Así que a la mínima queja me la tenían que traer. No fue así y obviamente me la devolvieron llorando roja y sin respirar porqué no habían entendido que no les había dado esa advertencia por no querer prestar al bebé, sino porqué yo la conocía bien.

Mamá leona

Además me molestaba TODO! Absolutamente TODO! Era mi bebé, punto, no quería compartirlo y ya está! Por qué tenían que cogerla en brazos o besarla? Me sentía violada cada vez que llegaban visitas a casa, por muy exagerado que os parezca yo por dentro me moría. Sabía lo que necesitaba Mimi y no siempre podía dárselo. 

Me molestaba que se metieran en cualquier cosa que tenía que ver con la niña. ¿Por qué me tenían que decir en qué modo vestirla o cambiarle el pañal? Era como si me dijeran como me tengo que lavar en la ducha o la posición para dormir. Mi cabecita pensaba “son cosas mías, mi mundo, mi hija, mi manera de hacer” por qué se tenían que meter? Pensad que yo volví a casa del hospital y me sentí un poco triste. En el hospital era yo la única que cuidaba a mi hija, cuando habían visitas tenía que encerrarla detrás de un cristal, por lo tanto nadie podía tocármela. Así que me costó la vuelta a casa después de tres días solas ella y yo, todos podían cogérmela!

“Madre no hay más que una, y esa eres tú!”

Después aprendí. Un día mi madre me dijo una frase que se me quedó grabada en el cerebro “Cariño, no te montes tantos pollos. Sé clara con lo que te gusta y lo que no. Porqué tú eres su madre, nadie más. Y van a tener que respetarte. Si tienes dudas piensa qué es lo mejor para tu hija. Ni para ti ni para los demás, solo para ella. Y no le des más vueltas”. Sé que es una obviedad, pero hasta ese punto yo había sido solo hija o nuera. Estaba acostumbrada a escuchar, seguir un poco la guía de los “adultos”, llegar a acuerdos y me dejaba llevar un poco por el compromiso.

Mi hija, mi prioridad. Empecé a aplicarme el cuento. No tenía que justificarme con nadie. Esa era la filosofía. Empecé a decir que “no” de manera clara y concisa. A veces daba explicaciones por educación, pero cuando insistían en ciertos temas simplemente decía “si ya lo sé, tienes razón pero yo lo prefiero de esta manera”. No te pueden replicar una preferencia ya que simplemente es así. Como cuando te gusta o no te gusta el chocolate… o los espárragos. Es inútil preguntar “por qué”. O te gustan o no te gustan.

Fue difícil, cansado y pesado. Pero muy necesario, os lo puedo asegurar. Ya sea para ti, que para los demás, hay que dejar claro hasta que punto pueden entrometerse en la gestión de tu prole. Primero de todo tienes que aclarar tu las ideas, y después ir a por todas con el resto del mundo. Tu hija/o también lo agradecerá. Entenderá que eres tú la que llevas el cotarro y que SIEMPRE eres su mayor referente, independientemente de quien se encuentre en esa situación.

¿Y el final feliz?

En realidad voy a ser un poco mala 😉 y os voy a dejar con las ganas, porqué tengo cosas fantásticas que contar, sobretodo estrategias para sobrellevar ciertos comportamientos de la familia política y obviamente el final de esta historia, vamos mi situación actual ^^

Sobretodo espero haber dado un brillo de esperanza a alguna chica desesperada o agobiada. A todos nos molestan cosas de los demás, sobretodo si son personas que no hemos elegido introducir en nuestras vidas. Pero ya que están, intentemos cultivar algo bueno no?

Y recuerda…

aprende a caminar bajo la lluvia

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5 comentarios

  1. Identificada contigo totalmente. Leerte ha sido verme reflejada, mi misma manera de pensar y una situación de familia política similar. Lo de que en tu casa hay algo que les pertenece, yo no podía haberlo definido mejor.un saludo y muuucha paciencia.

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    • Que contenta estoy de no ser la única! Con lo que cuesta hablar de estas cosas!!! Pues sí, paciencia… muuuuuucha paciencia! Todo sea por nuestros pitufines ^^ por suerte muy lentamente voy encontrando la manera de que todos estemos en harmonía :p

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  2. Jo no ho hagués pogut escriure millor. M’he sentit molt identificada quan parles de la teva filla… Jo m’he sentit i hem sento així, hem surt la vena lleona jajaja
    Són els nostres petits / es i ningú millor que nosaltres sap que necessiten.

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    • És un sentiment molt fort, i és complicat quan algú s’hi posa pel mig. La veritat és que al principi ho portava bastant malament, però amb el temps vaig aprendre a trobar un terme mig. Obviament sempre hi haurà coses que em treuran de polleguera 😛 però com es diu aquí “Amén!” M’alegra que hi hagi més noies com jo 😛

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