¿Cómo es ser madre?

Buena pregunta, verdad?

Un día estaba en un reencuentro de viejas amigas del cole. No sé muy bien porque nos distanciamos tanto, pero volver a ese grupito “de toda la vida” fue mágico… como tener hermanos, es un vínculo que no puede morir, hemos vivido 15 años de nuestras vidas juntas. De hecho desde ese día nos recortamos más momentos para las 4 😉

Bueno, al ajo! Que divago siempre… ya me lo decían en el cole que no sabía sintetizar jajaja. Quería contaros que durante ese reencuentro surgieron muchas preguntas sobre la maternidad. De hecho soy la única entre mis amigas que se quedó embarazada con 25 añitos.  Y de todas, la mejor pregunta para mí fue “Cómo es esto de ser madre?

PUM! Me recorrió un torbellino por dentro! ¿Que cómo es? ¿Y quería la respuesta completa esa tarde? Podría escribir libros enteros! Ahora no recuerdo las palabras exactas pero sí el jugo 😉 así que mi respuesta más o menos fue ésta:

Ser madre es un sentimiento salvaje. No se parece a nada de lo que has sentido hasta ahora. Sí, es amor, sí es esfuerzo, pero por delante de todo es una protección salvaje hacia tu cría, una pasión incondicional hacia tu bebé a la cual no puedes rebelarte; morirías y seguramente matarías por él. 

Es raro, difícil de describir, como un beso (sobre todo uno de esos bien dados), te pueden contar un millón de veces como es, lo puedes ver, pero hasta que no lo sientes en tu propia piel, me sabe mal pero no tienes ni absolutamente la menor idea de lo que es realmente. Y obviamente es un sentimiento maravilloso. 

No penséis que nació mi bebé y me enamoré al instante. Es más, yo tuve la suerte de tener una hija que había deseado, por lo tanto viví el embarazo con mucha ilusión, pero aún así el día del parto no me emocioné ni lloré. Simplemente fue extraño. Y no me siento culpable por ello. De un momento al otro te ponen encima un bichito que en teoría es tu hija y que tú no conoces absolutamente para nada. Por no hablar de los 2 días de parto. 

No te conviertes en madre cuando das a la luz a tu bebé, te conviertes en madre cada día que pasa y con cada detalle desde que piensas que quieres hijos hasta el día que ya no estarás en esta tierra. Y poco a poco se despierta en ti el animal que llevas dentro, de nuevo es como el sexo, muy íntimo, muy personal, muy tuyo.

Creo que el sentimiento de una madre es el más potente de este planeta. Ahora entiendo la mía cuando de pequeña yo le preguntaba “¿A quién quieres más a mí o a papá?” y ella me respondía “Es que son sentimientos muy diferentes”. Bufff! Madre mía si lo son… y los dos incluyen amor, y con los dos te enamoras.

Sí, otra cosa que me sorprendió. Te “enchochas” (perdonad la expresión pero es la mejor manera de describirlo). Te atontas de tal manera… como cuando te enamoraste de tu chico en su día. Pues para mí fue igual con mi bebé. No desde el momento 0, pero a medida que pasaban los días no podía parar de mirarla y la echaba de menos cuando no la tenía conmigo porque dormía, tenía ganas de que se despertara para darle pecho. 

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LA ANÉCDOTA DE LOS PRIMEROS DÍAS

¿La mejor anécdota? Mis días en el hospital fueron fantásticos, Mimi era toda mía. Lo que más me sorprendió fue que al volver a casa me entró un poco de tristeza sin saber porqué. Analizando poco a poco la cuestión me di cuenta de que no quería compartir a mi bebé. Era mía, punto, una parte de mi cuerpo que se me había salido, pero era mía, y la visitas, sobretodo parientes, creían tener el pleno derecho de cogerla, tocarla, decir que era “su niña”… pues para mí era un poco como cuando te tocan la barriga y estás embarazada; era la misma sensación, molesta molesta molesta, “quita de ahí, venga!”.

Lo sé, suena muy exagerado, de hecho seguramente hay personas que piensen que yo era una celosa empedernida, pero si tengo que ser sincera yo realmente siento que es un mecanismo que te regala tu nuevo cuerpo de madre para que crezcas y cuides a tu retoño más que a tu propia vida. Nunca dije “no” a ninguna de las personas que querían cogerla, pero era realmente feliz cuando todos se iban y nos quedábamos solas las dos, ella y yo.

Ahora que tiene 16 meses todo ese torbellino de emociones ha evolucionado. Soy una persona muy independiente, así que ciertas cosas creo que me van a molestar siempre, pero lógicamente soy capaz de dejar a mi hija con abuelos, tíos sin encenderme de rabia por dentro… es más, me quedo la mar de tranquila (solo un 15% de mi corazoncito se encoge, diría que he mejorado mucho :P). En el fondo son etapas, y en ésta, básicamente, hay que respetar a la nueva-madre-megahormonada-acabada de parir, que tenga razón o no. Lo único que realmente deberían hacer las visitas es traer tuppers de comida.

¿La respuesta final? ¿Cómo es ser madre?

Es salvaje, es animal, y cada dia que pasa te sientes más madre. Es la mejor experiencia de mi vida 🙂

Y para que no os quedéis pensando lo mala que era os dejo alguna foto que confirma que compartía mi pitufilla 😛

Aquí el papi en su salsa con su mujercita. Éstas son una de mis fotos favoritas de mis amores

 

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